MISTERIOS DOLOROSOS



Primer Misterio Doloroso

Agony

LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO

Arrepentimiento

Evangelio según San Lucas (Lc 22,39-48).
“Entonces Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al cerro de los Olivos; y lo siguieron también sus discípulos. Cuando llegaron al lugar, les dijo: “Oren para no caer en la tentación”.

“Después se alejó de ellos como a la distancia que uno tira una piedra, y doblando las rodillas, oraba diciendo: “Padre, si quieres aparta de mi esta prueba. Sin embargo, que no se haga mi voluntad sino la tuya”.

“Entonces se le apareció un ángel del cielo que venía a animarlo, y empezó a luchar contra la muerte. Oraba con más insistencia y su sudor se convirtió en grandes gotas de sangre, que caían hasta el suelo.

Después de orar se levantó y fue hacia donde estaban los discípulos y los halló durmiendo, vencidos por la tristeza. Les dijo: “¿Cómo pueden estar durmiendo? Levántense y oren para que no los venza la prueba”.

“Estaba todavía hablando, cuando llegó un grupo numeroso de gentes. Judas, uno de los Doce, iba a la cabeza, y se acercó a Jesús para darle un beso. Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del Hombre?””.
– Palabra del Señor.
– Gloria a ti, Señor.
(Textos complementarios: Mt 26,36-46; Rom 5,12-21).

Comentario al Primer Misterio Doloroso
Después de la última Cena, Jesús se dirigió al huerto de los Olivos y se puso en oración. Delante de sus ojos desfilaron los pecados de toda la humanidad, desde Adán hasta el último hombre que vivirá en este mundo. Su corazón no resistió frente a tanto horror y tanta rebeldía en contra de Dios. Sus venas estallaron y su cuerpo se cubrió de un sudor de sangre.

En este momento tan doloroso, lo que más lo hizo sufrir fue darse cuanta que para muchos su sangre sería inútil, puesto que no iban a querer convertirse, dejando el pecado.

“Padre mío -gimió Jesús-, si es posible aleja de mi este cáliz… ¡Pero que se cumpla tu voluntad y no la mía!”.
Señor Jesús, ten misericordia de nosotros. Todos hemos desfilado delante de ti durante aquella tremenda agonía. Perdón, Señor, por la sangre preciosa que derramaste en aquella hora tan triste.

Enséñanos a orar para no volver a caer en el pecado. Danos la fuerza para estar siempre despiertos en los momentos más importantes de nuestra vida y de la vida de la Iglesia y la sociedad. Que no nos dejemos vencer por el sueño, dejando a tus enemigos campo libre para hacer el mal.

Señor Jesús, no permitas que el amor a las cosas materiales nos aleje de Ti, como sucedió a Judas.
Que nunca lleguemos a traicionarte por ninguna razón.

Ofrecimiento:
Padre Eterno, al ofrecerte este misterio, rezamos para que podamos sentir dolor por nuestros pecados, rezamos por la conversión del mundo entero. Enséñanos Señor a rezar y a aceptar siempre tu Divina Voluntad. “Que se haga tu voluntad y no la mía”

Dios te salve María, llena eres de Gracia; El Señor es contigo. En la Agonía del Señor en Getsemaní bendita tu Eres entre todas las mujeres y bendito es es fruto de tu vientre Jesús. Santa María Madre de Dios, madre mía, ruega por nosotros los pecadores para que nos convirtamos, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen.

Segundo Misterio Doloroso:

Scourging

LA FLAGELACIÓN

Vencer la carne

Evangelio según San Marcos (Mc 15,6-15).
“En cada fiesta de Pascua, Pilato ponía en libertad al preso que la gente quisiera. Uno, llamado Barrabás, había sido encarcelado con otros revoltosos que en un motín habían asesinado a alguien. La gente, pues, subió y empezó a pedir la libertad de algún preso, como era la costumbre.

“Pilato preguntó: “Quieren que ponga en libertad al rey de los judíos?” (porque se daba cuenta que los jefes de los sacerdotes habían entregado a Jesús por envidia). Pero ellos incitaron a la gente para que pidiera la libertad de Barrabás. Pilato les dijo: “¿Qué hago con el que ustedes llaman rey de los judíos?”. La gente gritó de nuevo: “¡Crucifícalo!”
Pilato contestó: “¿Qué mal ha hecho?”. Pero los gritos fueron cada vez más fuertes:
“¡Crucifícalo!”
Pilato quería dejar contenta a la gente. Por eso dejó libre a Barrabás; y, después de haber hecho azotar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado”.
– Palabra del Señor.
– Gloria a ti, Señor.
(Textos complementarios: Mt 27, 20-26; Is 50,6-7).

Comentario al Segundo Misterio Doloroso
Por temor a quedar mal con el pueblo, Pilato mandó flagelar a Jesús, no obstante que lo reconociera inocente. Lo mismo hacemos nosotros, cuando cometemos algún pecado por miedo a los que dirá la gente. Preferimos la gloria que viene de los hombres a la que viene de Dios.

Señor, apiádate de nosotros. Por intercesión de tu santísima Madre, perdona la impureza de nuestras miradas, de nuestros pensamientos y deseos.

Tú sabes que somos polvo. Danos fuerza para resistir a las tentaciones y valor para hacer penitencia por los pecados cometidos.

Ofrecimiento:
Padre Eterno, al ofrecerte este misterio, rezamos para que nos concedas las gracias de la pureza y castidad de acuerdo a nuestro estado de vida. Rezamos para que nos perdones los pecados cometidos en nuestros cuerpos que son tu templo, y te pedimos que nos perdones y perdones toda la humanidad.

Dios te salve María, llena eres de Gracia; El Señor es contigo. En la Flagelación bendita tu Eres entre todas las mujeres y bendito es es fruto de tu vientre Jesús. Santa María Madre de Dios, madre mía, ruega por nosotros los pecadores para que venzamos la carne, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen.

Tercer Misterio Doloroso

Crowning

LA CORONACIÓN DE ESPINAS

Vencer el mundo

Evangelio según San Mateo (Mt 27,27-31).
“Los soldados romanos llevaron a Jesús al palacio del gobernador y reunieron a toda la tropa en torno a él. Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinas y en la mano derecha una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: “¡Viva el rey de los judíos!”. Le escupían la cara y, quitándole la caña, le pegaban en la cabeza. Después se burlaron de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar”.
– Palabra del Señor.
– Gloria a ti, Señor.
(Textos complementarios: Jn 18,33-37; Is 51,9-12; Flp 2,5-11).

Comentario al Tercer Misterio Doloroso
Jesús, el verdadero Rey del cielo y de la tierra, fue coronado como rey de burla.
Aquella escena triste y vergonzosa sigue repitiéndose continuamente. Gobiernos, autoridades y pueblo en general siguen burlándose de Jesús, hablando mal de la religión, de los sacerdotes, de la Virgen, de los catequistas… Muchos siguen prefiriendo más a Barrabás que a Jesús. Para ellos vale más el dinero, el sexo y el poder que Jesús con su enseñanza y su amor. Confían más en los hombres que en Cristo. Quisieran ver a Cristo desterrado de la política, la escuela, el trabajo, el hogar y hasta el mismo corazón del hombre.

Señor Jesús, perdónales porque no saben lo que hacen. Nosotros queremos que Tú sigas siendo nuestro rey. Estamos dispuestos a dar la vida por tí y por tu Reino.

Ofrecimiento:
Padre Eterno, al ofrecerte este misterio, rezamos para que nos ayudes a vencer el materialismo de nuestras vidas. Nos hemos aferrado a tantas cosas visuales y temporales que hemos menospreciado tu llamado. Concédenos aferrarnos solamente a tu Sacratísimo Corazón.

Dios te salve María, llena eres de Gracia; El Señor es contigo. En la Coronación de espinas bendita tu Eres entre todas las mujeres y bendito es es fruto de tu vientre Jesús. Santa María Madre de Dios, madre mía, ruega por nosotros los pecadores para que venzamos al mundo, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amen.

Cuarto Misterio Doloroso

Carrying

JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

Vencer el demonio

Evangelio según San Lucas (Lc 23,26-31).
“Cuando lo llevaban, tomaron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz de Jesús para que la llevara detrás de él. Lo seguía muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.

“Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos, porque va a llegar el día en que se dirá: Felices las madres sin hijos; felices las mujeres que no dieron a luz ni amamantaron. Entonces se dirá:
¡Ojalá que los cerros caigan sobre nosotros! ¡Ojalá que las lomas nos ocultaran!
Porque si así tratan al árbol verde, ¡qué no harán con el seco?”.
– Palabra del Señor.
– Gloria a ti, Señor.
(Textos complementarios: Jn 19,14-24; 1Pe 2,20-25; Is 53).

Comentario al Cuarto Misterio Doloroso
“Si alguien quiere ser mi discípulo -dijo Jesús en cierta ocasión-, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mc 8,34). Por lo tanto, negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguir a Jesús, es fundamental para cada cristiano.

Señor Jesús, ayúdanos a entender nuestra obligación como discípulos tuyos.
Enséñanos a renunciar a la flojera y a las comodidades, para tomar nuestra cruz diaria y seguirte.
Que cada uno de nosotros pueda ser un verdadero cirineo, que te ayude a llevar la grande cruz de la humanidad.

En efecto, mediante nuestros sufrimientos, aceptados con gozo, nos transformamos en colaboradores de Cristo, en la grande obra de la salvación. Por eso estamos meditando sobre la Pasión de Jesús: no tanto para llorar por él, que ya no sufre, sino para tomar conciencia del grave problema de nuestra salvación y la salvación de nuestros hermanos.
“No lloren por mí -dijo Jesús-; más bien lloren por ustedes y por sus hijos”.
Señor Jesús, ayúdanos a tener un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados y a luchar cada día más para tener una vida nueva.

Danos fuerza también para luchar por la salvación de nuestros hermanos.

Ofrecimiento:
Padre Eterno, al ofrecerte este misterio, rezamos para que aprendamos a aceptar tu Santa Voluntad y para cargar tu cruz diariamente. Rezamos para que nos des la Virgen María como nuestro Cirineo para que nos ayude a llevar la cruz al Calvario.

Dios te salve María, llena eres de Gracia; El Señor es contigo. En el camino la cruz bendita tu Eres entre todas las mujeres y bendito es es fruto de tu vientre Jesús. Santa María Madre de Dios, madre mía, ruega por nosotros los pecadores para vencer a Satanás haciendo la voluntad de Dios, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen.

Quinto Misterio Doloroso

Crucifixion

CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS

Permanecer crucificado en imitación del Señor

Evangelio según San Lucas (Lc 23,32-46).
“Junto a jesús llevaban también a dos malhechores para ejecutarlos. Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron a él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Mientras tanto Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Después se repartieron sus ropas, sorteándolas.

La gente estaba ahí mirando; los jefes, por su parte, se burlaban diciendo:
“Ya que salvó a otros, que se salve a sí mismo, para ver si es el Cristo de Dios, el Elegido”.

Los soldados también se burlaban de él. Cuando le ofrecieron de su vino agridulce para que lo tomara, le dijeron: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Porque había en lo alto de la cruz un letrero que decía: “Este es el rey de los judíos”.

Uno de los malhechores crucificado, insultándolo, le dijo: “¡Así que tu eres el cristo?
Entonces, sálvate tú y sálvanos también a nosotros”. Pero el otro lo reprendió diciéndole: “No temes a Dios, tú que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo tenemos merecido, por eso pagamos nuestros crímenes. Pero él no ha hecho nada malo.” Y añadió: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.” Respondió Jesús: “En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.”

Como al mediodía, se ocultó el sol y todo el país quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. En ese momento, la cortina del Templo se rasgó por la mitad, y Jesús gritó muy fuerte: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”; y al decir estas palabras, expiró.
– Palabra del Señor.
– Gloria a ti, Señor.
(Textos complementarios: Jn 19,25-37; 3,13-21; 12,32-36).

Comentario al Quinto Misterio Doloroso
“Para los que se pierden, la predicación de la cruz no deja de ser locura. En cambio para los que somos salvados es poder de Dios” (1Cor 1,18).

Sí, Señor Jesús, en tu muerte gloriosa el Padre celestial manifestó su sabiduría y su poder salvador. En tu sangre hemos sido salvados.

Te alabamos y te adoramos, oh Cristo, pues por tu Cruz redimiste al mundo.
Tú eres el Cordero de Dios, que mediante su muerte, borró nuestros pecados. Gracias por tu grande amor. Que cada día podamos descubrir siempre más la gravedad de nuestro pecado y la inmensidad de tu amor por nosotros.

Ofrecimiento:
Padre Eterno, al ofrecerte este misterio, venimos al Calvario con nuestras cruces, las cuales tu nos has dado en los sufrimientos, pruebas, malentendidos, limitaciones y enfermedad. Rezamos para que tu aceptes nuestro ofrecimiento, mientras crucificamos nuestra voluntad, nuestras pasiones, y las tentaciones del mundo, el demonio y la carne. Unenos O Señor Jesucristo a tu Preciocísima Sangre, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero.